La violencia nunca puede ser la respuesta. Dados los acontecimientos de los últimos días en Ceuta es fundamental recordar que ninguna forma de violencia es una respuesta y que se necesitan respuestas institucionales para parar esta violencia y garantizar los derechos de las personas migrantes.
Condenamos la violencia y el racismo:
Los ataques y acciones violentas contra personas migrantes y contra quienes les prestan apoyo son inaceptables. Los discursos racistas y xenófobos alimentan el miedo, la confrontación y la criminalización de las personas migrantes.
Las instituciones deben estar a la altura:
Lo que está ocurriendo en Ceuta exige responsabilidad institucional, y esto es garantizar una acogida digna, proteger a las personas más vulnerables y actuar frente a las agresiones, el racismo y los delitos de odio. No podemos permitir que una emergencia humanitaria sea utilizada para alimentar la confrontación social. La respuesta debe ser derechos, responsabilidad y protección.
Una emergencia humanitaria no puede convertirse en una crisis de convivencia:
Miles de personas continúan en situación de extrema vulnerabilidad, muchas de ellas en la calle, mientras la respuesta institucional sigue siendo insuficiente. Esta situación no puede resolverse señalando y criminalizando o enfrentando a la población, sino garantizando una respuesta coordinada que proteja los derechos humanos de todas las personas.





