Como cada año, ponemos en marcha el programa Atención psicosocial y empoderamiento personal de mujeres, gracias a nuestro financiador Fundación La Caixa. Y con él, iniciamos diferentes actividades que nos permite el desarrollo de la autonomía, la autoestima y el fortalecimiento personal de mujeres. Entre las actividades que difundimos y realizamos, encontramos los testimonios personales y reales de diferentes mujeres que participan en nuestros grupos. Con este tipo de testimoniales, conocemos en primera persona las experiencias personales y los procesos vitales de otras mujeres, y esto nos permite desarrollar nuestra empatía y saber que no estamos solas en este proceso.

A continuación, os presentamos el tercer testimonial:

TODO ANOCHECER, TIENE SU AMANECER

Soy una mujer de 46 años de edad, con carrera profesional, centroamericana.

Hasta hace apenas un año, vivía en una zona bastante exclusiva de la capital de mi país, junto a mis dos hijos y mi esposo. Mis hijos estudiaban en un colegio privado bilingüe; mi marido y yo, teníamos nuestros trabajos (ofrecíamos asesoría financiera) y nos encontrábamos montando nuestra propia empresa de importación de especias, con previsión de inauguración para el primer semestre del año pasado.

Pero, el 26 de febrero del 2018, nuestra vida dio un giro inesperado: tres sujetos allanaron nuestra vivienda. Actuaron robándonos el dinero que llevábamos en efectivo en ese momento (apuntándonos con un arma), y nos amenazaron de muerte. Nos dieron 72 horas para abandonar nuestro hogar, y no más de unos días de abandonar el país, amenazándonos a nosotros y a nuestros hijos, que en ese momento no se encontraban presentes (nos habían estado vigilando, pues nos mostraron incluso fotografías de nuestros hijos saliendo del colegio).

En ese momento, no supe qué hacer… ¡Era una pesadilla de la que no conseguíamos despertar!¡Era real!

Decidimos pedir ayuda a un amigo cercano, que vivía en las afueras de la ciudad como primera opción. En cuestión de 48 horas abandonamos todo, nuestra casa, nuestros trabajos; nuestros hijos, dejaron el colegio sin ninguna explicación…

Quise denunciar. Sin embargo, los grupos delictivos que operan en mi país están infiltrados en todos los niveles, incluyendo en sus redes a miembros de las autoridades. Así, para tramitar la denuncia, me dirigieron a una delegación donde el policía que tomó mi declaración actuó recordándome la amenaza (de forma sutil pero clara). ¡Una nueva extorsión, donde deberían habernos brindado protección!

Mi esposo y el amigo que nos ayudaba, consiguieron gestionar nuestra salida del país. Cuando pensábamos en el futuro, soñábamos con viajar a ciudades europeas como París, Roma… Sin embargo, debimos iniciar el largo, doloroso e inesperado viaje hacia un país de Europa, donde pudiéramos comunicarnos con facilidad en nuestra lengua: España.

Todo se complicó (nuevamente): el padre biológico de mi hija (de 16 años), no autorizó su salida del país, a pesar de acceder inicialmente y de tener listo su pasaje. Quise quedarme con ella, pero esa no era opción, porque ambas sabíamos que, si me quedaba, me asesinarían… Así que, con todo el dolor, partimos hacia Madrid.  No solo quedaban atrás nuestras vidas, trabajos, casa, etc. Sino que, además, debí separarme de mi hija, una niña que nunca antes había convivido con su progenitor…

Llegamos a Madrid con nuestras maletas llenas, repletas de miedo e incertidumbre. No conocíamos a nadie en España…

En una cafetería escuchamos hablar de la OAR, y del Programa de Asilo y Protección Internacional. Buscamos en internet y fuimos a solicitar Asilo. Tuvimos la suerte de ser aceptados en el programa de Acogida. Pasamos nuestras primeras semanas en España, en un Hostal en Madrid, a la espera de la asignación de plazas, donde la experiencia no fue sino más estresante todavía… Hasta que llegó el día, y nos enviaron a un lugar cerca del Mediterráneo, en donde nos esperaban personas de la Red Acoge, quienes nos han ayudado mucho en el proceso de duelo, de adaptación y arraigo en nuestra nueva vida.

Aún con nuestros sentimientos a flor de piel, con el corazón partido por tantos momentos injustos y estresantes durante el proceso migratorio, con la ayuda de la entidad que nos acogió, logramos que el padre de mi hija autorizara su viaje. Logramos reunirnos, volver a fundirnos en un solo ser, después de 9 meses de angustia.

Nuestra aventura continua aún en esta fecha…

Puedo terminar asegurando que la migración forzada aparte de ser tremendamente dolorosa y desgarradora, tiene que motivarnos, para no quedarnos únicamente con el “papel” de víctimas. Es importante ver, crear y valorar la oportunidad de empezar una nueva vida con derechos como la libertad, la seguridad, la educación, que como seres humanos tenemos. En el momento en que hemos sido capaces de ver a través del dolor, es cuando decidimos RE-inventarnos: mientras se homologan nuestros títulos, nos formamos localmente para integrarnos activamente a la vida laboral, con la fe, que todo anochecer tiene su amanecer.

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